Inauguración: 15 de Noviembre de 2012 Cierre: 9 de Diciembre de 2012 Registro fotográfico: Fausto Verón
Mientras la belleza nos alcanza
“[…]son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. […] La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso”. K. M.
“Mientras la belleza nos alcanza, podríamos desafiar los motivos de nuestras miradas” E. T.
Contienda
Si esta mesa está aquí, lo está no porque vendría en nombre de todas las mesas o de todo aquello que una mesa podría metaforizar. Está aquí, a punto de comenzar a moverse, fundamentalmente porque tiene una historia. Esta historia no será contada, pero existe. No importa. No importa cuál es la historia de la mesa, sino que es la mesa de una historia, es decir, de algo que no es arte. De algo que no es arte, es decir, que es la vida. Que es el resto de la vida que no es arte. Y la vida, la vida en la obra Geli es también, y sobre todo, el resto del arte que no es arte. Puntos de vista, maneras de ver las cosas. Arte y vida implicados ¿cómo? Como esa(s) figura(s) que puede(n) ser vista(s) indistintamente como un pato o como un conejo pero nunca como ambos a la vez.
La mesa se moverá, sí, pero no lo hará sola (eso solamente ocurre cuando se invocan espíritus). Pero por qué no lo hará. Sin dudar: porque no hay arte sin contienda. Pero esa contienda hace tiempo que se volvió invisible, secreta, tácita (a esa invisibilidad es a lo que llamamos “contemporáneo”, entonces, arte contemporáneo de esa invisibilidad). Si hoy aún hay arte, lo hay sólo donde podría no haberlo, es decir, no en la vanguardia de la contienda sino en la ilusión de una tregua. Las guerras son también guerras de ilusiones: invisibilidad, simulacro, señuelos. Pero son guerras porque llegan al cuerpo. En las guerras se pone el cuerpo. Arte, es decir, la continuación de la contienda por otros medios. Arte, es decir, la continuación de la belleza por otras ilusiones. Es Geli quién se ata a la mesa para moverla y de esta manera, nos deja ver que la belleza es sólo de la contienda. No de la aniquilación de las resistencias.
Ganar el encanto, contenderlo. Cuando todo está encantado –y todo lo está-, nada es encantador. Encanto sin contienda. Entonces, como Geli, pongamos las cartas sobre la mesa. No todo está servido, y por eso, hay que hacer algo. Hacer algo. Librar la contienda. No. Haberla librado ya y volverla a librar ahora. Pero también, impuestos sobre la mesa, “sutilezas metafísicas y resabios teológicos” Eso es la mesa: el lugar de la contienda librada. La contienda entre ¿qué y qué? ¿Entre el tiempo perdido y el tiempo recuperado? Sí, por ejemplo. El té: la contienda por el tiempo se libra en la repetición. Recuperar tiempo, en este caso, no tiene que ver con reponer una memoria. Si hay una contienda para recuperar tiempo, es, antes que nada, porque ese tiempo estaba (está) ocupado. Recuperar, entonces, en el sentido de reapropiar, de reponer cierta soberanía, de disputar cierta usurpación. Si el tiempo estaba perdido no lo estaba por extravío sino, en todo caso, por expropiación. Pero siempre hay algo que no alcanza a repetirse, en la vida y en el arte. Contienda entre lo que recupera tiempo perdido y lo que lo expropia. Entre el arte y la vida. Entre el arte y el resto del arte. Entre el arte que invita a bailar y el que baila solo. Si el encanto se sirve, también se derrama. Ilusión: cuando parece que Geli mueve la mesa, en realidad baila con ella.
Motivo
Si estos vestidos están aquí, lo están no porque vendrían en nombre de todos los vestidos o de todo aquello que un vestido -que un vestido chemise-, podría metaforizar. Están aquí, inmóviles, expuestos, por un motivo. Este motivo no será expuesto, pero existe. No importa. No importa cuál es el motivo de los vestidos, sino que son los vestidos de un motivo, es decir, de algo que no es arte. De algo que no es arte, es decir, que es la vida. Que es el resto de la vida que no es arte. Y la vida, la vida en la obra Alejandra es también, y sobre todo, el resto del arte que no es arte. Puntos de vista, maneras de ver las cosas. Arte y vida implicados ¿cómo? Como aquel(los) motivo(s) que puede(n) ser visto(s) indistintamente como un pato o como un conejo pero nunca como ambos a la vez.
Una versión actual de un vestido, ¿es un vestido actual? Bueno… sí y no, es decir sí porque no. Lo actual, en este caso, es actual porque es como si no lo fuera. Pero, ¿qué separa al como sí inactual de lo lisa y llanamente inactual (fuera de moda)? Sencillamente, lo irrepetible. Si los vestidos son actuales porque son como si fueran inactuales, es, fundamentalmente, por la completa imposibilidad de repetir. Una clave de la actualidad: repetir tentativamente el pasado para constatar la imposibilidad de repetirlo. Y más. Estas versiones actuales, ¿son realmente ‘vestidos’? Desnudar lo que viste. En el intersticio entre lo actual y lo inactual aparecen otras vidas, otras historias y son, justamente, la vida y las historias que no suelen aparecer. Esas historias que, como las costuras, quedan ocultas en el vestido. Otros motivos. Una práctica artística que se desplaza del objet trouve a cierta imagination trouvé, o también cierto savoir trouvé. Encontrados, sí, pero atención, encontrados no en cualquier lugar. Si Alejandra quiere hacer traducir lo intraducible no es para refugiarse en la nostalgia pop de una vitalidad perdida. Hay otros motivos, motivos irrepetibles: lo que permite seguir existiendo al arte es que hay vida más allá del arte y arte más acá de los motivos. Tres motivos actuales de un motivo extraviado de los ‘70. Si hay algo que se encuentra es porque estaba perdido. El arte de perder los motivos para encontrarlos en la vida. Raison trouve. Motivos encontrados en la traducción, es decir, en las traductoras. Alejandra es a Moni, Ramonita y Negrita, lo que el vestido de los ’70 es a los actuales, lo que la obra es a los vestidos, lo que el pasado es al presente, lo que el arte es a la vida.
¿Dónde está el cuerpo? Y también, ¿dónde está, como suele decirse, “el cuerpo de obra”? Respuesta: donde la mirada no se deja cautivar por el fetichismo de los motivos y el de las “sutilezas teológicas y sus encantos metafísicos”. Lo primero que llama la atención (al menos a mí), es que las nuevas versiones del vestido, en cierta forma, preservan la memoria de un cuerpo que realmente existió y tuvo una vida concreta (se pueden ver sus rastros en el vestido de los ’70). Las tres versiones del vestido están hechas de tal manera que le quedarían igual de justo a aquel cuerpo al que “le calzaba perfecta” la versión inactual de los ‘70. Algo de todo esto recuerda a los fantasmas: la forma del cuerpo pero sin el cuerpo. Extraño secreto el de estas versiones actuales investidas de la imagen y la semejanza de un cuerpo en ausencia. También, extraño secreto por el cual el arte actual conserva su artisticidad ¿Forma de arte pero sin arte (y por eso aún arte)? ¿Forma de contemporaneidad sin contemporaneidad (y por eso contemporaneidad actual)?